Un brownie clásico, con centro húmedo y denso, costrita finita arriba y sabor intenso a chocolate.
Sale perfecto para cortar en cuadrados y acompañar con helado o un café.

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Ingredientes
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200 g de chocolate semiamargo (o amargo)
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150 g de manteca
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200 g de azúcar
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3 huevos
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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100 g de harina 0000
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30 g de cacao amargo (opcional, potencia el sabor)
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1 pizca de sal
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80 g de nueces o chips de chocolate (opcional)
Preparación
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Prendé el horno a 170 °C. Forrá una fuente rectangular (20×20 cm aprox.) con papel manteca o enmantecá y enhariná.
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Derretí a baño maría (o microondas en tandas cortas) el chocolate con la manteca. Mezclá hasta que quede liso y brillante. Dejá entibiar 5 minutos.
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En un bowl, batí los huevos con el azúcar 1 minuto, solo para integrar (no hace falta espumar demasiado). Sumá la vainilla.
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Agregá el chocolate derretido tibio y mezclá con espátula o batidor de mano hasta unificar.
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Incorporá la harina, la sal y el cacao (si lo usás) tamizados. Mezclá lo justo hasta que no se vea harina seca.
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Sumá nueces o chips si querés. Volcá la mezcla en la fuente y emparejá.
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Horneá 20 a 25 minutos. El punto ideal: bordes firmes y el centro todavía apenas tembloroso. Al pinchar, el palillo debe salir con migas húmedas (no limpio).
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Dejá enfriar en la fuente 20 minutos, después pasalo a una rejilla. Cortá cuando esté a temperatura ambiente o bien frío para que salga prolijo.
Tips y consejos:
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Si querés más húmedo, no lo pases de cocción: es mejor sacarlo “un toque antes” que de más.
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Para costrita arriba, asegurate de mezclar bien el azúcar con los huevos antes de sumar el chocolate.
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Guardado en recipiente hermético, al día siguiente queda todavía más intenso y húmedo.
Brownie clásico, simple y bien rendidor: por fuera apenas crocante y por dentro húmedo, chocolatoso y bien pesado, como tiene que ser.