Es una de esas tartas que entran por los ojos: bien cremosa, con sabor suave a choclo y una textura que se siente “de cuchara” pero se sostiene al cortar.
El secreto está en cocinar el relleno hasta el punto justo y armarla con queso en el lugar correcto para que quede bien tentadora cuando servís.

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Ingredientes
Para una tartera de 24 cm
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2 tapas de tarta hojaldrada (base y tapa)
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2 latas grandes de choclo (bien escurridas) o 4 tazas de choclo desgranado
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1 cebolla grande
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1/2 morrón rojo chico (para el toque de color y sabor)
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2 cucharadas de manteca (o aceite)
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2 cucharadas de harina 0000
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350 ml de leche
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1 cucharada de azúcar (suave, típica de humita)
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1 cucharadita de pimentón dulce
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Sal y pimienta
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250 g de muzzarella (rallada gruesa o en fetas)
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1 huevo (para pintar la tapa)
Preparación
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Prendé el horno a 200 °C. Forrá la tartera con una tapa de tarta, acomodá bien y dejala en la heladera mientras hacés el relleno.
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Picá la cebolla y el morrón en cubitos chicos. En una sartén grande, derretí la manteca y rehogá la cebolla con una pizca de sal 8 a 10 minutos, hasta que quede bien tierna. Sumá el morrón y cociná 3 minutos más.
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Bajá el fuego, agregá el pimentón y mezclá unos segundos para que perfume sin quemarse.
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Incorporá la harina y cociná 1 minuto mezclando (esto evita gusto a harina).
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Volcá la leche de a poco, revolviendo, hasta que se forme una crema espesa y lisa.
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Procesá la mitad del choclo con 2 o 3 cucharadas de esa crema (solo para que quede más “humita” y no tan suelto). Volvé todo a la sartén: choclo procesado + choclo entero.
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Sumá el azúcar, ajustá sal y pimienta y cociná 3 a 5 minutos, mezclando, hasta que el relleno quede bien cremoso pero con cuerpo (que al pasar la cuchara se marque el camino). Apagá el fuego y dejá entibiar 10 minutos.
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Armado: volcá el relleno sobre la base. Ahora viene el punto clave para que el queso se note y estire: colocá una capa generosa de muzzarella sobre el relleno (reservá un puñadito para después). Si usás muzzarella rallada, repartila pareja; si usás fetas, solapalas.
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Cubrí esa capa con el puñadito final de muzzarella (solo en el centro), así al levantar porción aparece ese “hilo” corto y realista.
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Tapá con la segunda tapa de tarta. Cerrá bien los bordes (repulgue o presionando con un tenedor). Hacé 2 o 3 cortecitos chicos arriba para que salga vapor.
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Batí el huevo y pincelá la tapa para que quede bien dorada y brillante.
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Horneá 30 a 40 minutos, hasta que la tapa esté bien dorada y la tarta burbujee apenas. Dejá reposar 10 minutos antes de cortar, así el relleno se asienta y sale prolijo.
Tips y consejos:
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El relleno tiene que quedar espeso en la sartén: si está muy líquido, se desarma al cortar.
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Escurrí bien el choclo de lata para que no “agüe” la crema.
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Si querés más cremosidad sin sumar ingredientes raros, cociná 1 minuto más la crema antes de agregar el choclo.
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El queso mejor en capa (no todo mezclado): así se nota más y se luce al servir.
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Reposo corto antes de cortar: es lo que mantiene la cremosidad sin que se desparrame.
Queda una tarta cremosa de verdad, con tapa dorada y un interior bien tentador.
Ideal para servir apenas tibia, cuando el queso todavía se siente suave y el relleno está en su mejor punto.