Estos pancitos de queso se destacan por su textura suave por dentro y una superficie dorada con queso gratinado que los vuelve irresistibles.
Son ideales para acompañar cualquier momento del día y se preparan con una masa simple, fácil de trabajar y con un resultado bien casero.

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Ingredientes
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500 g de harina común
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10 g de levadura seca
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1 cucharadita de azúcar
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1 cucharadita de sal
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250 ml de leche tibia
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50 ml de aceite
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1 huevo
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150 g de queso rallado (para la masa)
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100 g de queso rallado (para la superficie)
Preparación
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En un bowl grande colocá la harina, la levadura seca, el azúcar y la sal, y mezclá bien.
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Agregá la leche tibia, el aceite y el huevo, y comenzá a unir todo hasta formar una masa.
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Sumá el queso rallado destinado a la masa y amasá unos minutos hasta lograr una textura lisa, suave y apenas pegajosa.
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Tapá el bowl y dejá reposar la masa en un lugar tibio hasta que duplique su tamaño.
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Una vez leudada, desgasificá suavemente y dividí la masa en bollitos del mismo tamaño.
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Colocá los bollitos en una placa con papel manteca, dejando un poco de espacio entre ellos.
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Espolvoreá generosamente cada pancito con el queso rallado destinado a la superficie.
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Dejá reposar nuevamente unos minutos mientras se precalienta el horno.
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Llevá a horno medio y cociná hasta que estén bien inflados, dorados y con el queso gratinado en la parte superior.
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Retirá del horno y dejá entibiar antes de consumir.
Tips y consejos:
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Usar un queso que gratine bien mejora el color y el sabor final.
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No excederse con la harina mantiene la miga tierna y aireada.
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El leudado es clave para que queden bien esponjosos.
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Se pueden comer recién hechos o tibios, cuando el queso todavía se siente suave.
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Funcionan muy bien solos o acompañados con algo untable.
Estos pancitos de queso dorados tienen un aspecto tentador y una textura que invita a repetir.
El queso en la superficie aporta sabor y color, mientras que el interior se mantiene tierno y liviano, logrando una preparación simple pero muy rendidora.