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Pancitos de queso caseros, tiernos y rendidores

Estos pancitos de queso se destacan por su textura suave por dentro y una superficie dorada con queso gratinado que los vuelve irresistibles.

Son ideales para acompañar cualquier momento del día y se preparan con una masa simple, fácil de trabajar y con un resultado bien casero.

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Ingredientes

  • 500 g de harina común

  • 10 g de levadura seca

  • 1 cucharadita de azúcar

  • 1 cucharadita de sal

  • 250 ml de leche tibia

  • 50 ml de aceite

  • 1 huevo

  • 150 g de queso rallado (para la masa)

  • 100 g de queso rallado (para la superficie)

Preparación

  1. En un bowl grande colocá la harina, la levadura seca, el azúcar y la sal, y mezclá bien.

  2. Agregá la leche tibia, el aceite y el huevo, y comenzá a unir todo hasta formar una masa.

  3. Sumá el queso rallado destinado a la masa y amasá unos minutos hasta lograr una textura lisa, suave y apenas pegajosa.

  4. Tapá el bowl y dejá reposar la masa en un lugar tibio hasta que duplique su tamaño.

  5. Una vez leudada, desgasificá suavemente y dividí la masa en bollitos del mismo tamaño.

  6. Colocá los bollitos en una placa con papel manteca, dejando un poco de espacio entre ellos.

  7. Espolvoreá generosamente cada pancito con el queso rallado destinado a la superficie.

  8. Dejá reposar nuevamente unos minutos mientras se precalienta el horno.

  9. Llevá a horno medio y cociná hasta que estén bien inflados, dorados y con el queso gratinado en la parte superior.

  10. Retirá del horno y dejá entibiar antes de consumir.

Tips y consejos:

  • Usar un queso que gratine bien mejora el color y el sabor final.

  • No excederse con la harina mantiene la miga tierna y aireada.

  • El leudado es clave para que queden bien esponjosos.

  • Se pueden comer recién hechos o tibios, cuando el queso todavía se siente suave.

  • Funcionan muy bien solos o acompañados con algo untable.

Estos pancitos de queso dorados tienen un aspecto tentador y una textura que invita a repetir.

El queso en la superficie aporta sabor y color, mientras que el interior se mantiene tierno y liviano, logrando una preparación simple pero muy rendidora.

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