Estos triangulitos salados se preparan con masa hojaldrada y se terminan con queso, semillas y hierbas, logrando una textura liviana y crocante por fuera, con capas bien definidas por dentro.
Son simples, rendidores y quedan ideales para servir tibios o a temperatura ambiente.

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Ingredientes
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2 láminas de masa de hojaldre
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100 g de queso rallado fino
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1 huevo
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2 cucharadas de leche
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1 cucharada de semillas de sésamo
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1 cucharadita de hierbas secas o perejil seco
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Sal fina a gusto
Preparación
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Estirá las láminas de masa de hojaldre sobre una superficie limpia y fría, sin afinarlas demasiado.
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Espolvoreá una capa fina de queso rallado sobre una de las láminas y colocá la otra encima, presionando suavemente para que se adhieran.
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Emparejá los bordes y cortá la masa en cuadrados medianos.
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Cortá cada cuadrado en diagonal para formar triángulos.
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Colocá los triangulitos en una placa para horno con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre ellos.
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Batí el huevo junto con la leche y una pizca de sal.
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Pincelá bien la superficie de cada triángulo.
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Espolvoreá por encima el resto del queso rallado, las semillas de sésamo y las hierbas secas.
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Llevá a horno precalentado a temperatura media hasta que estén bien inflados, dorados y con el queso gratinado.
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Retirá y dejá reposar unos minutos antes de servir.
Tips y consejos:
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Usar el hojaldre bien frío ayuda a que se formen mejor las capas.
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No sobrecargar de queso para que el hojaldre pueda elevarse correctamente.
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El pincelado parejo es clave para lograr el color dorado uniforme.
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Se pueden conservar en un recipiente cerrado y recalentarse unos minutos al horno.
Estos triangulitos hojaldrados combinan textura liviana, sabor suave a queso y un acabado dorado que los vuelve muy tentadores.
Funcionan solos o como acompañamiento, y mantienen su encanto incluso después de enfriarse.