La panna cotta es de esos postres que parecen de restaurante, pero se hacen con pocos ingredientes y sin complicaciones.
Queda suave, con textura sedosa, y la salsa de frutos rojos le suma ese contraste fresco y ácido que la hace irresistible.

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Lo ideal es prepararla con tiempo, porque el frío es lo que le da el punto perfecto.
Ingredientes
Para la panna cotta:
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500 ml de crema de leche
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250 ml de leche
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100 g de azúcar
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1 cucharadita de esencia de vainilla (o 1 chaucha, si tenés)
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10 g de gelatina sin sabor (aprox. 1 sobre)
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60 ml de agua fría (para hidratar la gelatina)
Para la salsa:
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250 g de frutos rojos (frutilla, frambuesa, arándanos, o mezcla)
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2 a 3 cucharadas de azúcar (según lo ácido de la fruta)
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1 cucharadita de jugo de limón
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2 cucharadas de agua (si hace falta)
Preparación
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En un bowl chico, colocá la gelatina sin sabor y agregá el agua fría. Mezclá apenas y dejá reposar 10 minutos para que se hidrate.
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En una olla, poné la crema, la leche y el azúcar. Calentá a fuego medio, revolviendo, hasta que el azúcar se disuelva y la mezcla esté bien caliente, pero sin que llegue a hervir.
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Apagá el fuego y sumá la vainilla.
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Calentá la gelatina hidratada unos segundos (puede ser a baño maría o en microondas) hasta que se vuelva líquida, sin hervir.
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Incorporá la gelatina a la mezcla caliente y revolvé bien para que quede totalmente integrada.
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Repartí la preparación en moldes individuales o en vasitos. Dejá entibiar 10 minutos y llevá a la heladera por al menos 4 horas (mejor de un día para el otro).
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Para la salsa, poné los frutos rojos en una ollita con el azúcar y el jugo de limón. Cociná a fuego medio 5 a 8 minutos, hasta que larguen jugo y se forme una salsa. Si queda muy espesa, agregá 1 o 2 cucharadas de agua.
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Dejá enfriar la salsa y guardala en la heladera.
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Para desmoldar, pasá un cuchillo fino por el borde y apoyá el molde unos segundos en agua tibia. Volcá sobre un plato. Serví con la salsa por arriba y, si querés, con fruta fresca.
Tips y consejos:
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Si querés una panna cotta más firme para desmoldar perfecto, podés subir la gelatina a 12 g. Si la preferís más suave “tipo crema”, mantené 10 g.
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No dejes que la mezcla hierva: el calor fuerte puede afectar la textura final.
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Para un sabor más intenso, la vainilla natural queda espectacular, pero con esencia también sale muy bien.
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La salsa se puede hacer solo con frutillas si es lo que tenés: queda igual de rica y bien visual.
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Guardada en heladera, dura 3 a 4 días. Lo mejor es agregar la salsa al servir para que no humedezca la superficie.
Es un postre fresco, cremoso y muy vistoso, perfecto para preparar con tiempo y sacar de la heladera cuando querés algo realmente rico sin estar horas en la cocina.