Estas galletitas son crocantes, sabrosas y muy fáciles de hacer para tener algo salado a mano para el mate o el café.
La mezcla de semillas les da textura y un gusto “tipo snack”, y el queso aporta ese doradito y un sabor intenso que levanta todo.

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Si las cortás parejas y las cocinás justo, quedan finitas, crocantes y rendidoras.
Ingredientes
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200 g de harina 0000
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80 g de manteca fría
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120 g de queso rallado (reggianito o parmesano)
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1 huevo
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60 ml de agua (aprox.)
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1 cucharadita de sal (ajustar según el queso)
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Pimienta, a gusto
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1 cucharadita de polvo de hornear (opcional, para que queden apenas más livianas)
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2 cucharadas de semillas de sésamo
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2 cucharadas de semillas de girasol
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1 cucharada de semillas de lino (o chía)
Preparación
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En un bowl mezclá la harina con la sal, la pimienta y el polvo de hornear si lo vas a usar.
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Sumá la manteca fría en cubitos y trabajá con la punta de los dedos hasta lograr un arenado, como migas.
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Agregá el queso rallado y mezclá para que quede bien repartido.
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Incorporá el huevo y empezá a unir. Sumá el agua de a poco, hasta formar una masa firme que no se pegue demasiado.
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Agregá la mitad de las semillas a la masa y mezclá apenas para integrarlas (el resto lo usás para arriba).
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Formá un bollo, aplastalo un poco, envolvelo y llevá a la heladera 15 minutos para que sea más fácil estirar.
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Estirá la masa entre dos papeles (o sobre la mesada apenas enharinada) hasta dejarla finita, de 3 a 4 mm.
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Pincelá apenas con una gotita de agua (o con huevo batido si querés más brillo) y espolvoreá el resto de las semillas presionando apenas para que se adhieran.
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Cortá en cuadrados o rectángulos. Acomodalos en una placa. Pinchalos con tenedor si querés que queden más parejos al cocinar.
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Llevá a horno precalentado a 180 °C hasta que estén doraditas y firmes (12 a 16 minutos, según tu horno y el grosor).
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Dejá enfriar sobre rejilla o plato: cuando enfrían terminan de ponerse más crocantes.
Tips y consejos:
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Para que queden bien crocantes, estirá la masa lo más pareja posible; si algunas quedan más gruesas, van a necesitar más tiempo.
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El queso define el sabor: con reggianito/parmesano quedan más intensas y no necesitan tanta sal.
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Si no tenés alguna semilla, reemplazala por otra sin problema: lo importante es combinar una o dos para que se vea y se sienta la textura.
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Guardalas en frasco o lata cuando estén completamente frías, así mantienen la crocancia varios días.
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Si al segundo día querés devolverles “crunch”, un golpe corto de horno bajo las deja como nuevas.
Quedan perfectas para picar, para acompañar una merienda salada o para sumar a una picadita simple.
Y como se hacen rápido, es de esas recetas que terminás repitiendo seguido.