Este queso es el clásico casero, blanco, suave y con una textura firme que se corta en porciones sin desarmarse.
Se hace con pocos pasos: se cuaja la leche, se separa el suero y después se prensa para darle forma.

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Queda ideal para comer solo, con un toque de pimienta, o para usar en tostadas y ensaladas.
Ingredientes
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2 litros de leche entera (mejor si es fresca; si es larga vida también funciona)
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60 ml de jugo de limón (aprox. 4 cucharadas) o 60 ml de vinagre blanco
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1 cucharadita de sal fina (a gusto)
Preparación
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Poné la leche en una olla grande y calentala a fuego medio, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue. La idea es llegar a un punto bien caliente, sin que hierva fuerte.
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Cuando la leche esté a punto de hervir (se ven burbujitas en el borde y vapor constante), apagá el fuego.
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Agregá el jugo de limón de a poco, mezclando suave con una cuchara. En pocos segundos vas a ver cómo se empieza a separar en grumos (cuajada) y líquido amarillento (suero).
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Dejá reposar 10 minutos sin tocar, para que la separación se complete.
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Colá usando un colador grande con una tela limpia, lienzo o gasa. Volcá todo y dejá escurrir 10 a 15 minutos.
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Cuando ya no gotee tanto, agregá la sal a la cuajada y mezclá con suavidad para repartirla parejo.
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Pasá la cuajada a un molde (puede ser un colador chico o un recipiente con agujeritos) forrado con la misma tela. Cerrá la tela por arriba y acomodá la forma redonda, apretando un poco con la mano.
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Prensá: poné un plato arriba y agregá peso (por ejemplo, una olla con agua). Dejá en heladera entre 2 y 4 horas para un queso firme; si lo querés más compacto, dejalo 6 horas.
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Desmoldá, sacá la tela con cuidado y llevá el queso a heladera 30 minutos más para que termine de asentarse antes de cortarlo.
Tips y consejos:
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Cuanto más tiempo de prensado, más firme queda. Para que corte prolijo en porciones, apuntá a 4 a 6 horas.
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Si la leche no “corta” del todo, agregá una cucharada más de limón o vinagre y esperá 5 minutos.
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Para una textura más lisa, mezclá la cuajada lo justo y no la aprietes de más al principio: que el prensado haga el trabajo.
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Guardalo tapado en heladera y consumilo dentro de 4 a 5 días. Si se seca un poco por fuera, un toque de suero reservado lo vuelve más tierno.
Queda un queso blanco casero, simple y rendidor, perfecto para cortar en porciones y servir como está o con un toque de pimienta.