Estos libritos son un clásico de panadería para el mate: capas finitas, crocante por fuera y un centro tierno.
La clave está en no amasar de más y en hacer los pliegues con calma, para que se formen esas “hojitas” bien marcadas.

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Con una pizca de levadura lográs un toque más liviano sin perder el estilo tradicional.
Ingredientes
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300 g de harina 0000
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80 g de grasa vacuna
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120 ml de agua (aprox.)
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1 cucharadita de sal
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1 pizca de levadura seca (muy poco, apenas)
Preparación
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En un bowl, mezclá la harina con la sal y la pizca de levadura.
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Agregá la grasa (a temperatura ambiente, blanda) y desarmala con los dedos hasta que quede repartida en pedacitos chicos dentro de la harina.
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Sumá el agua de a poco y uní la masa sin amasar fuerte: juntá lo justo hasta que no queden partes secas. Tiene que quedar una masa firme, pero manejable.
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Tapá y dejá descansar 15 minutos para que se relaje.
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Estirá la masa en un rectángulo de 1 cm más o menos.
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Hacé un pliegue simple: doblá un tercio hacia el centro y el otro tercio encima (como una carta).
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Girá la masa 90 grados, estirá otra vez y repetí el pliegue.
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Tapá y dejá descansar 10 minutos.
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Repetí el estirado y pliegue una vez más. Con 3 vueltas alcanza para que queden bien hojaldrados sin complicarte.
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Estirá por última vez hasta que quede de 1,5 a 2 cm de espesor. Emparejá los bordes si hace falta.
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Cortá cuadrados parejos (de 4 a 5 cm, según el tamaño que quieras).
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Acomodalos en una placa apenas engrasada, dejando un poquito de espacio entre ellos.
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Si querés que queden más livianos, dejalos reposar 15 a 20 minutos tapados (con la pizca de levadura alcanzan para tomar aire).
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Calentá el horno a 220 °C.
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Horneá 12 a 16 minutos, hasta que estén bien dorados. Si tu horno dora fuerte, revisá desde el minuto 12.
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Sacalos y dejalos 5 minutos en rejilla para que terminen de quedar crocantes.
Tips y consejos:
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No amases como pan: si la masa se trabaja de más, se endurece y pierde capas.
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La grasa tiene que estar blanda para integrarse sin derretirse; si está muy dura, cuesta hojaldrar parejo.
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Los descansos cortos ayudan a estirar sin que se encoja y a que los pliegues se marquen mejor.
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Si te gustan con un toque más “panadería”, podés pincelar apenas con agua y poner una pizca de sal gruesa arriba antes de hornear.
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Guardalos en bolsa o lata cuando estén fríos; si al día siguiente querés devolverles crocante, 4 minutos de horno medio los revive.
Listos para el mate, con capas bien marcadas y ese sabor clásico que nunca falla.