Son ideales para una merienda salada: crocantes por fuera, con relleno sabroso y un toque de sésamo arriba que los hace todavía más tentadores.
Se preparan rápido, rinden un montón y salen bien tanto tibios como a temperatura ambiente.

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La clave es armarlos firmes, cortar parejo y no pasarse de cocción para que el hojaldre quede bien liviano.
Ingredientes
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1 lámina de masa de hojaldre (rectangular)
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150 g de jamón cocido
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150 g de queso en hebras (mozzarella, tybo o similar)
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50 g de queso rallado tipo parmesano
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1 huevo
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1 cucharada de queso crema
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1 cucharada de semillas de sésamo
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Sal y pimienta, a gusto
Preparación
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Sacá la masa de hojaldre de la heladera y dejala unos minutos a temperatura ambiente para que se pueda desenrollar sin romperse.
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Extendé la lámina sobre la mesada (con su propio papel si trae). Untá de manera fina el queso crema por toda la superficie, sin llegar del todo a los bordes.
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Acomodá el jamón cocido en una capa pareja. Si te quedan partes con mucha superposición, después se hace más difícil de enrollar.
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Repartí el queso en hebras por encima y sumá el queso rallado. Condimentá con una pizca de sal (poca, porque el jamón y los quesos ya aportan) y pimienta a gusto.
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Enrollá desde el lado más largo, apretando lo justo para que quede firme, pero sin aplastar el hojaldre.
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Llevá el rollo a la heladera 10 a 15 minutos. Esto ayuda a que el corte salga mejor y a que no se deformen.
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Cortá rodajas de 2 a 3 cm de espesor y acomodalas en una placa, dejando un poco de espacio entre cada una.
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Batí el huevo y pincelá la superficie de los rollitos. Espolvoreá las semillas de sésamo por arriba.
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Cociná en horno precalentado a 200 °C hasta que estén bien inflados y dorados (aprox. 15 a 20 minutos, según horno).
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Retirá y dejá reposar 5 minutos antes de servir para que el queso se asiente un poco.
Tips y consejos:
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Si el hojaldre está muy blando, el enrollado se complica: un ratito de heladera antes de cortar hace toda la diferencia.
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Para que el relleno no se escape, evitá llegar con queso crema y queso hasta el borde final del enrollado; dejá 1 cm libre y cerrá ahí.
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Si querés que queden más parejos, cortá con cuchillo bien filoso y limpiá la hoja cada dos o tres cortes.
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El dorado depende del horno: cuando ves las capas bien infladas y color caramelo, ya están listos.
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Se pueden recalentar unos minutos en horno o sartén tapada para recuperar la crocancia sin secarlos.
Quedan perfectos para acompañar el mate, para una picadita rápida o para llevar y compartir.
Y como son tan simples, se vuelven de esas recetas que terminás haciendo cada vez que querés algo salado y rico sin vueltas.